>>>José Vela Castillo ,(de)gustaciones gratuitas de la deconstrucción, la fotografía, Mies van der Rohe y el Pabellón de Barcelona, Madrid: Abada, 2010.

Siempre en un doble movimiento, lo que aquí ofrece este texto es una lectura, una interpretación de una obra de arquitectura en particular de un autor en particular (el Pabellón representativo que el arquitecto Mies van der Rohe proyectó y construyó para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929), y de esta manera también de la arquitectura en general e incluso de la arquitectura como pensamiento en general, desde, como ahora se anuncia, la deconstrucción y si es que así puede decirse, desde la deconstrucción derridiana.

De esta manera el objetivo del libro ha sido poner en juego una deconstrucción filosófica en o entre la propia arquitectura—una arquitectura múltiple y abismada. No se ha tratado de testar una batería de temas deconstructivos provenientes de la obra de Jacques Derrida (el espectro, la huella, la ruina, la ceguera, el archivo) en su confrontación con una obra de arquitectura sino de permitir, a través de ellos, de esta práctica de un modo de leer las cosas y no solo los textos (y si es que esto no es lo mismo), deconstruir la propia arquitectura y que se muestre, entonces, su condición de pensamiento distinto de aquél que, como ahora y aquí, se elabora con palabras.

No debería de entenderse, sin embargo, que la obra de Mies van der Rohe queda como una mera escusa para un ejercicio estrictamente textual. No, lo que se espera es al contrario la iluminación, mutua si se quiere, de una arquitectura muy especial, de una arquitectura tempranamente canonizada por la crítica (curiosamente sobre la única base de unas añejas fotografías) y aparentemente hace tiempo desactivada, que sin embargo demanda e incluso exige, en su muy azarosa existencia, una nueva revisión, una constante actualización, un inacabable movimiento de deconstrucción en el que muestre, al menos, parte de sus secretos ocultos, de los fantasmas que la asedian, de los deseos y esperanzas que, aun hoy, la pueblan. Y que, por tanto, la abran a un, necesario, porvenir, que no es sino el de la propia arquitectura.